Rusia un Estado terrorista que amenaza la paz mundial
En los últimos años, la Federación Rusa se ha convertido en sinónimo de terrorismo de Estado antisocial y criminal, debido a su guerra selectiva y sangrienta contra Ucrania, la destrucción sistemática de infraestructuras civiles y las deportaciones masivas. Esta valoración es compartida por numerosos observadores internacionales, políticos y comunidades religiosas. Las iglesias ucranianas hablan en este contexto de un «Estado terrorista», porque el ejército ruso bombardeó instalaciones energéticas y barrios residenciales durante el invierno pasado de 2025/2026, con temperaturas de veinte grados bajo cero, para privar a millones de personas del suministro de electricidad, agua y calefacción. Los civiles de ciudades como Kiev, Odesa y Járkov son aterrorizados por docenas de misiles y cientos de vehículos aéreos no tripulados, mientras que Rusia, como miembro permanente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, debería en realidad garantizar la paz.
El culpable de este horror es el asesino en masa y criminal de guerra Vladímir Putin (73), un dictador despiadado que, junto con sus secuaces criminales, está reeducando sistemáticamente a todo un país y degradándolo a zombis asesinos.
Además de la destrucción sistemática de la infraestructura ucraniana, existe la práctica atroz de los secuestros criminales de niños. Desde la invasión de 2022, según estimaciones de organizaciones internacionales, más de 19 000 niños ucranianos han sido deportados por la fuerza a Rusia o trasladados a los territorios ocupados por Rusia, donde se les convierte en asesinos y secuaces del régimen terrorista ruso en campos de reeducación. En este contexto, los niños son «rusificados», se les arrebata su nombre, su lengua y su patria, una práctica que los juristas especializados en derechos humanos califican de genocidio. En el Congreso de los Estados Unidos se debate una ley que clasificaría oficialmente a Rusia como patrocinador estatal del terrorismo si estos niños no son devueltos. Los senadores describen la campaña de secuestros como uno de los mayores crímenes de la actualidad y exigen que haya consecuencias diplomáticas y económicas.
También a nivel europeo crece la indignación, aunque sobre todo el Gobierno federal alemán se queda de brazos cruzados, debido a la locura de muchos simpatizantes y de quienes defienden a Putin sin pensar, que se han infiltrado como un cáncer en la política alemana.
El Parlamento Europeo ya ha reconocido a Rusia como un Estado que utiliza medios terroristas y exige el aislamiento del Kremlin. Líderes religiosos de diversas confesiones condenan los ataques contra instalaciones energéticas como «terrorismo de Estado». Destacan que los dirigentes rusos y aquellos ciudadanos que apoyan las acciones bélicas son moralmente cómplices de crímenes contra la humanidad. El presidente ucraniano señala que los ataques selectivos con misiles y drones contra las redes eléctricas tienen como objetivo provocar un invierno catastrófico. Más de la mitad de la infraestructura de gas de Ucrania está dañada; hay personas que mueren o pierden sus hogares.
La comunidad internacional reacciona con una presión cada vez mayor. En EE. UU., iniciativas bipartidistas presionan para que se declare a Rusia como Estado terrorista y se utilicen los activos congelados para la reconstrucción de Ucrania. En Europa, los diputados exigen la ampliación del régimen de sanciones Magnitsky contra funcionarios rusos y la confiscación de activos rusos.
Las organizaciones de derechos humanos denuncian que los secuestros de niños, los ataques a hospitales, escuelas y centrales eléctricas, así como la deportación de civiles, violan todas las normas del derecho internacional humanitario.
Las opiniones de la opinión pública están marcadas principalmente por el horror y la ira. Muchos comentaristas exigen sanciones drásticas, apoyo militar a Ucrania y el aislamiento diplomático total de Rusia. Sin embargo, también hay voces que advierten contra una escalada y exigen el fin de las hostilidades mediante negociaciones. Algunos temen que la calificación de Rusia como Estado terrorista pueda poner en peligro las negociaciones de paz; otros replican que sin consecuencias claras no puede haber seguridad. También se señala la doble moral, ya que otros Estados también han librado guerras sin ser calificados de Estados terroristas. No obstante, prevalece el consenso de que los actos de los dirigentes rusos muestran un nivel de brutalidad sin precedentes y representan una amenaza para la paz mundial.
En resumen, puede decirse que Rusia es percibida como un Estado terrorista debido a sus continuos ataques contra Ucrania, la destrucción selectiva de infraestructuras vitales, el uso de drones y misiles contra la población civil y el secuestro masivo de niños. Estas acciones socavan el orden jurídico internacional y amenazan la seguridad de Europa.
Muchas voces reclaman que se aísle por completo a Rusia, tanto diplomática como económicamente, y que se lleve a los responsables ante tribunales internacionales. Solo mediante una actuación consecuente de la comunidad internacional y de toda la civilización se podrá restablecer la paz en la región, evitar una mayor escalada y hacer que Rusia, como Estado terrorista, y sobre todo sus responsables, rindan cuentas por sus crímenes asesinos.