Berliner Volks-Zeitung - Moisés Caicedo, de pelotear descalzo a ser la joya mundialista de Ecuador

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Moisés Caicedo, de pelotear descalzo a ser la joya mundialista de Ecuador
Moisés Caicedo, de pelotear descalzo a ser la joya mundialista de Ecuador / Foto: Rodrigo Buendía - AFP

Moisés Caicedo, de pelotear descalzo a ser la joya mundialista de Ecuador

Entre casitas apiñadas en un barrio popular ecuatoriano, Moisés Caicedo levantó sus primeros trofeos. Eran de plástico dorado, prestados por algún vecino para darle emoción al juego improvisado de un grupo de niños del que emergió uno de los mediocampistas más valorados del mundo.

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De esos días queda una foto que atesora Jeremy Cedeño, un amigo de infancia del hoy jugador del Chelsea de Inglaterra que disputará su segundo Mundial, desde el 11 de junio, con solo 24 años.

Caicedo aparece arrodillado, rodeado de otros cinco muchachos y con una enorme sonrisa. Sus manos se aferran a una pequeña copa.

"Mi amigo puso la copa y empezamos" el partido, "y como aquí no hay ni árbitro... ¡Ay, pegaban duro!", bromea Cedeño, que en la pandemia debió elegir entre comer o seguir persiguiendo su sueño de ser futbolista.

Ese día el equipo de Moi, que entonces jugaba de delantero, triunfó en el peloteo callejero del convulso barrio Mujer Trabajadora, en la provincia de Santo Domingo de los Tsáchilas (centro).

Con la misma sonrisa fue retratado el año pasado, cuando los Blues ganaron el Mundial de Clubes en Estados Unidos. Tenía la bandera de Ecuador amarrada a la cintura y en sus manos un trofeo tasado en 200.000 dólares.

"Nos sentimos orgullosos (...) Si él crece, nosotros crecemos internamente. ¿Por qué? Porque de aquí salió del barrio jugando sin zapatillas", dice a la AFP Cedeño, un paramédico de 24 años.

- "Como ver al Papa" -

El pase de Caicedo del Brighton al Chelsea en 2023 por un valor de 156 millones de dólares fue un récord para el fútbol inglés en ese momento. En abril el mediocampista renovó su contrato con los Blues por otros siete años.

Caicedo, padre de una niña, es el jugador más caro de la selección ecuatoriana en la que debutó con apenas 18 años. De ahí su cariñoso sobrenombre: Niño Moi.

Cuando sus vecinos lo vieron jugar en Independiente del Valle y luego en la selección, hubo fiesta. "Era como ver al Papa Francisco. Todo el mundo contento", relata Cedeño.

En su natal Santo Domingo, el rostro de Caicedo está en murales, tiendas, camisetas y hasta en las canilleras de los niños que siguen sus pasos. Como Julián Hidalgo, un delantero de nueve años.

Él admira la inteligencia y la velocidad de Caicedo, el último de 10 hermanos que vendía flores en un cementerio para ayudar a su familia.

Como el mediocampista, Hidalgo entrena con el profesor Iván Guerra en una cancha llamada El Hueco, donde faltan balones e implementos deportivos, pero sobra voluntad.

A los chicos "les inculcamos que esta escuela es donde nació Moisés Caicedo, que era de lodo, piedra, arena, a veces con vidrios (...) se les inculca a los chicos que trabajen duro para que lleguen a cumplir sus sueños", dice Guerra, de 58 años.

El profesor vio por primera vez a Caicedo cuando jugaba con sus amigos del barrio. Entendía sus necesidades porque también jugó con hambre y zapatos rotos cuando era joven.

Convertido en entrenador, estiraba el poco presupuesto para darles transporte, uniformes y comida a sus pupilos.

Cuando el dinero escaseaba aún más, Caicedo y Guerra cuidaban autos en la zona rosa de la ciudad para ganar unas monedas que les permitieran llegar al siguiente partido.

- Un lugar para ser niño -

Darwin Castillo entrenó a Caicedo en su adolescencia. Aún recuerda al muchacho tímido que sin palabras y con el simple gesto de inclinar su cabeza le convenció de dejarlo jugar.

En esos años era "un chico más", pero destacaba por su fuerza física y mental, según el entrenador.

"La disciplina de Moisés también es importante y eso viene desde la casa (...) Yo veía que los hermanos grandes pedían la bendición a los 25 años, 30 años, que era una familia muy pobre, pero oraba antes de comer", relata Castillo, del club formativo Jaipadida.

En una cancha rodeada de matas de plátano, Caicedo pulió su talento hasta conseguir sacarse de encima las malas jugadas de una vida precaria.

"Desde niño siempre, siempre quise ser un futbolista profesional" y ser "el mismo chico humilde que no se olvida de dónde salió", dijo Caicedo el año pasado al recibir una condecoración de la Asamblea Nacional.

Y lo ha cumplido.

Tiene "sentido de pertenencia y está todavía llenando o haciendo cosas que no pudo hacer en su niñez" por la falta de dinero, dice Castillo.

En lugar de viajar a destinos lujosos, regresa a Ecuador para ir a la playa, subir a la rueda de Chicago (noria), pelotear con sus antiguos maestros y amigos que lo apodan La Caice, y ser, por un momento, ese chico que levantaba trofeos prestados.

L.Bergmann--BVZ